Consejo Comunitario Yarumito

Este consejo está ubicado en las veredas Santa Rosa, San Nicolás, Guasimo, Caicedo, en torno a una cuenca hidrográfica que es la formada por las quebradas Gualí y El Yarumito. Colinda con el Resguardo Nasa de Tóez y las fincas La Margarita y Guayabal que fueron compradas en 2008 por el ingenio Mayagüez. En el consejo comunitario “Yarumitos” la producción social de la memoria de la hacienda en la tradición oral toma la forma de una narrativa que recupera los rasgos de paternalismo y brutalidad de aquellos tiempos:
[…] Mi abuelo me cuenta que en ese tiempo a él lo marcaban con hierros ardientes y lo latigaban […] En la hacienda Japio fue difícil borrar las manchas de sangre de los latigazos. De niño nos contaban eso y yo lo vi con mis propios ojos. Eso solo lo pudieron borrar cuando repellaron otra vez la pared […] La Licorera del Cauca funcionaba en la hacienda Japio. De ahí era que llevaban el aguardiente a lomo de mula, hasta Popayán. En la hacienda licorera trabajó mi papá […] (Entrevista con Rosana Mejía)
La época que Rodrigo Mejía recuerda es la de una hacienda que ya no estaba en poder de la familia Arboleda, puesto que los últimos dueños de esa familia decidieron venderla a finales del siglo XIX, tal vez obligados por la transición del trapiche panelero a la fábrica y el incremento de la productividad del trabajo (Llanos, 1979: 27-28). Japio había pasado a manos de la compañía formada por Gabriel Garcés, José María Lenis y Carlos Simmonds, (Mina, 2011: 129) y sus dueños la habían adecuado para la producción y provisión de aguardiente, en tiempo en que la renta de licores de los departamentos se entregaba mediante remates a particulares. Dice Mejía que los Garcés Giraldo fueron muy buenos patrones porque:
[…] se dedicaron a montar escuelas con profesores pagos. En el bachillerato seguían ayudándonos con los muchachos. Los mejores iban a la universidad y los que lograban graduarse, se volvían administradores de su hacienda […] (Entrevista con Rodrigo Mejía)
La hacienda Japio no siguió la trayectoria de otras haciendas del Valle del Cauca, que terminaron transformándose en modernos ingenios azucareros. Las fincas ganaderas y agrícolas se mantuvieron hasta que los ingenios entraron en los terrenos de la hacienda de 940 hectáreas en calidad de arrendatarios de la tierra. En las veredas del consejo comunitario sobresalen memorias de la abundancia de productos agrícolas como soya, millo, arroz y maíz, en torno a la hacienda Japio. Las cosechas eran tiempo de “requisa” en las que los excedentes de productos agrícolas eran recolectados por mujeres y niños o se dividían “al partir” con la hacienda, en el contexto de relaciones entre arrendatarios, capataces y dueños. La gente se ayudaba mucho en los tiempos de la requisa y esto se complementaba con la cría de porcinos y la caza armadillos y zarigüeyas que en otra época abundaban en los bosques que han ido desapareciendo a raíz de la expansión de la caña de azúcar.
[…] Aquí era raro el joven que no sabía ordeñar, vacunar o manear una vaca. Santa Rosa estaba rodeada de fincas agrícolas. En esas fincas trabajaban las mujeres y los muchachos llegaban de estudiar y se iban a trabajar en las famosas requisas. Los productos se sacaban a vender a Caloto, Santander y Puerto Tejada. Eso era el sustento de la gente. Era una economía de toma y dame; de ayuda entre vecinos y de abundancia. Eso fue antes de que llegaran los ingenios. Muchos se fueron pero algunos nos quedamos resistiendo al cerco de la caña […] (Entrevista con Rosana Mejía).

La colonización de las zonas de ladera es el resultado colateral de los conflictos sociales y de uso del suelo asociados a la agroindustria y la ganadería extensiva. Esto supuso mayor diferenciación socio-espacial sobre la base de la acumulación por despojo en donde la agroindustria acaparó la zona plana y los pequeños productores fueron relegados a las zonas montañosas. La población que conforma el consejo “Yarumitos” viene de la zona plana de donde fueron expulsados, al parecer, en la época de la violencia de los años cincuenta que hizo que muchas familias se subieran a la parte alta. Para los años cincuenta, la zona plana había incursionado en un proceso de industrialización horizontal que involucraba simultáneamente varios sectores de la economía, como industrias procesadoras de caucho y pulpa, químicas y fábricas de alimentos. Hoy los predios de la zona plana de donde provienen los habitantes del consejo “Yarumitos” es propiedad de la empresa “Química Básica”.
[…] Esto anteriormente se conoció como “Loma de La Cruz”. No se llamaba Santa Rosa, como ahora. No había caserío aquí. Solo había una cruz en la parte alta. Los viejos fueron abriendo caminos de herradura y callejones. Anteriormente la gente vivía en el Llano pero se fue corriendo para acá porque eso fue quedando en manos de unos terratenientes. Entonces los viejos se vivieron de la parte plana hasta esta parte alta. Eso lo hicieron por que un porque huían de los terratenientes. Estoy hablando de los años treinta más o menos […] (Entrevista con Rodrigo Mejía).
“Estas veredas han sido de lucha”, explica Rosana Mejía, líder comunitaria de la vereda Santa Rosa que se fundó en el año de 1935. En ese mismo año dejó de llamarse la “Loma de la Cruz” y los habitantes, a punta de mingas con picos y palas, abrieron un ramal que conectó a la vereda con la carretera Florida- Santander. A través de mingas y actividades comunitarias, también construyeron acueductos veredales. Cuenta Rosana que cada domingo, las familias tenían asignadas tareas en la boca-toma o donde estuviera el corte del trabajo. En Santa Rosa los vecinos recuerdan las mingas que permitieron la adecuación del acueducto que data del año de 1978, y que a la fecha sigue siendo el mejor que hay en el municipio de Caloto, pese a poca inversión de las administraciones locales. Lo mismo puede decirse de la electrificación, que se consiguió mediante la venta comunitaria en bazares, bingos y bailes. Rosana Mejía afirma que en ese sentido, el espíritu de la minga aún no se ha perdido, como tampoco se ha perdido la tradición musical, puesto que Santa Rosa, San Nicolás, Guasimo y Caicedo han sido reconocidas por ser asentamiento de músicos que animaban jugas y bailes en toda la región del norte del Cauca. Un referente geográfico que da cuenta de esa historia es la esquina conocida como “La vuelta de Los Músicos”, en donde los juglares salían a esperar la línea o chiva.
En la década de los años ochenta proliferaron contratos de arrendamiento entre los dueños de la hacienda Japio, pequeños propietarios e ingenios como o La Cabaña e Incauca, mediante los cuales se ha expandido el cultivo de caña que literalmente ha cercado las parcelas de quienes se han resistido a arrendarlas. El acaparamiento y la privatización de las fuentes de agua consumidas por los ingenios se registran en el formulario diligenciado por la Defensoría del Pueblo, así como también se corroboró mediante testimonios la proliferación de enfermedades respiratorias, daños a cultivos, destrucción de árboles frutales, deterioro de viviendas y muerte de animales por la quema de la caña. Este consejo registro 17 viviendas afectadas por esta razón.