Consejo Comunitario Unión Yarú

De acuerdo al trabajo adelantado por los investigadores locales de este Consejo Comunitario, el territorio donde se ubica el mismo hace parte del municipio de Padilla, el cual limita con los municipios de Miranda al norte, Puerto Tejada noroccidente, Villa Rica al occidente, Guachené al sur-occidente y Corinto al sur. Padilla es de topografía plana con leves ondulaciones y está irrigado por el río Paila, el río Negro, río Güengüé y río Hato. Asimismo, está conformado por seis corregimientos: Cuernavaca, Chamizo, Las Cosechas, Yarumales, Tetillo y La Paila. Al municipio pertenecen tres Consejos Comunitarios: Severo Mulato, Juan José Nieto y Zona Occidental Unión Yarú. Este último se ubica entre los corregimientos de Yarumales, Chamizo y Cuernavaca, donde se localizan cuatro (4) veredas: Los robles – sector carretera (Yarumales); La unión (Yarumales); Betania (Chamizo); Holanda (Cuernavaca).
Durante el siglo XIX, varias tierras de este municipio pertenecieron a la familia Arboleda y luego a la familia Eder, dueñas de la hacienda Japio y La Bolsa. Posteriormente este municipio hizo parte de la hacienda Quintero que se desprendió de las anteriores (Aprile Gniset, 1994). El territorio fue ocupado por colonos libertos, cimarrones y esclavos negros, donde el mercado ilegal de tabaco predominaba (Mina, 1975). También existía la presencia de minifundios clandestinos, situados en las zonas húmedas, selváticas más conocidas como “madres viejas” (cauces viejos de los ríos), donde predominaban los cultivos de autoconsumo así como cultivos de cacao, plátano, frutales, crianza de aves de corral y animales porcinos.
La mitad del siglo XX fue la época de colonización más visible de Padilla. Según cuenta don Luis Edulfo Medina (uno de los adultos mayores), los primeros pobladores de esta zona provenían del municipio de Caloto, vereda La Dominga, San Jacinto, Ciénaga Honda. Aquellos arriban entre 1913 y 1914 como colonos después de ser desplazados y despojados de sus terrenos por haber participado en la guerra de los mil días con el ejército liberal (Mina, 2011).
[…] Padilla fue el resultado de la salida de la gente de Caloto. Estaban decididos los negros de abandonar esos sitios, entonces se vinieron a “tres esquinas” porque vinieron ahí, porque habían negros que tenían sus tierras y habían trabajado sus tierras entonces tenían latifundios y habían también generales de la guerra de los mil días que habían subsidiado negros del norte de la manigua y la gente venían a trabajar ahí porque en ese tiempo se cultivaba mucho el tabaco, el aguardiente de caña era el viche, pero era de contrabando, el tabaco tenía la ventaja que lo comunicaban al Estado, sino lo trabajaban de contrabando y daba más resultado trabajarlo de contrabando que trabajarlo con el régimen estatal […] (Entrevista a Luis E. Medina, 2014).

El asentamiento de población negra de la posguerra de los mil días fue interceptado por políticas regionales de control. En este sentido, el municipio de Padilla se forma entonces por “la colonización negra de tierras planas de propiedad privada y escrituradas; pero interceptada su acción y desactivada por las autoridades de Popayán, son aquellas que diseñan estas fundaciones nuevas a principios del siglo XX” (Aprile Gniset, 1994: 13). Hacia 1918 los hacendados payaneses y los empresarios de Cali, como la familia Eder, dirigen ofensivas para recuperar sus tierras en esta zona. Un ejemplo que marca la historia local de este Consejo Comunitario es la guerra instaurada para recuperar las tierras de Güengüé por parte de tal familia. Estas ofensivas no se detendrían ahí sino que resurgen en los años 50 con invasiones del ejército, registradas en comunicaciones públicas (Aprile – Gniset, 1994). Este conflicto entre latifundistas y pobladores negros da lugar a la expedición de una orden de planeación emitida por la gobernación. Según la ordenanza, los dueños de las tierras se verían obligados a diseñar un modelo de urbanización de una parte del territorio de Padilla que incluyera a los pobladores negros. Este modelo consistió en un caserío cuadriculado para los pobladores (Aprile Gniset, 1994: 92).
Para mediados de esa época, varios pobladores de Padilla recuerdan que esa zona estaba conformada por fincas tradicionales y campos sin trabajar. El cacao y el café son los productos más representativos que han marcado la historia económica de este territorio desde entonces. Muchas familias crearon sus fincas y vivieron del intercambio y comercio de estos productos en las cabeceras municipales y puertos (puerto Mallarino en Cali). Hacia los años 60 las reformas agrarias introducen acciones de repartición de la tierra que fortalece el asentamiento de las familias negras en este municipio. La Caja Agraria adquiere tierras de las haciendas, las cuales son donadas condicionalmente a estas familias. Esto se hace evidente en la historia de poblamiento de la vereda Cuernavaca de este municipio.
El trabajo de historia local de esta organización afrodescendiente (2014) da cuenta del modo en que los terrenos del corregimiento de Cuernavaca fueron concedidos por la Caja Agraria mediante un sorteo a 96 parceleros entre hombres y mujeres. Estos campesinos sembraban arroz, maíz, frijol y cacao. No obstante, la producción de las cosechas es afectada por factores ambientales (los ríos eran los principales causantes de las inundaciones, ocasionando pérdida de las cosechas; sequías y la químicos que volvían la tierra improductiva). De ese modo los parceleros empezaron a ser presionados por tal institución con el incremento de impuestos y muchos de ellos deciden entregar sus tierras a cambio de conservar las dos plazas familiares (medida de propiedad de la tierra). Las tierras retornadas fueron vendidas a los ingenios azucareros (ingenio La Cabaña en este caso) que se instalarían con mayor fuerza en el territorio:
[…] el ingenio cabaña inicio con el trapiche ‘El Aradito’, en ese tiempo, me acuerdo yo, era un trapiche y eso no era ingenio, de trapiche a ingenio fue creciendo. Luego del Aradito fuimos conociendo el ingenio y todo se volvió fue azúcar […] (Entrevista a Esaú Cosme, 2014).
A partir del siglo XX se configura entonces un modelo económico de apropiación de las tierras acorde al desarrollo y progreso económico regional agroindustrial. Entre la década de los 50 y 60 se acrecienta la pérdida de tierras por parte de los pobladores negros a partir de mecanismos modernos de despojo como el endeudamiento con la Caja Agraria, bandidos contratados, la inundación intencional de fincas campesinas o “la guerra del agua”, bloqueo de caminos y fumigaciones de caña que afectan los cultivos tradicionales. Estos hechos presionaron y forjaron la venta de las fincas de las familias negras y se genera una dinámica movible del asentamiento de este grupo. Muchas familiar migran a otras ciudades, municipios, veredas y países para luego retornar.
En la actualidad continúan varios de los problemas mencionados anteriormente. La escasez de tierra, el monocultivo de caña, que requiere de quemas y fumigaciones, afecta la producción de las pequeñas fincas de las que viven algunas familias negras; el enorme consumo de agua de los ríos cercanos (río Paila, rio Güengüé, río Hato y río Negro) que demanda tal producción agroindustrial genera escasez de este recurso para las familias que viven en el territorio. A pesar de la existencia de un acueducto municipal, éste funciona ocasionalmente y tiene recortes temporalmente largos de agua que impiden el acceso garantizado a las familias a tal recurso y derecho. Ante esto, los integrantes del Consejo Comunitario Unión Yarú construyen sus viviendas con un siste ma de recolección de aguas lluvias adicional a la tubería común de las casas. Esto hace parte de una arquitectura propia de los pobladores negros que es compartida y debe ser estudiada con mayor atención, pues da cuenta de un manejo particular del agua.