Consejo Comunitario Quitacalzón

Formado en la vereda Alto del Palo, que colinda con el municipio de Guachené y más específicamente, con la vereda Pílamo, en la que se encuentra hoy el consejo comunitario de Pílamo. La vereda El Alto del Palo hace parte de un área que fue de confluencia de cimarrones que habitaron dispersos los ríos Palo, La Paila y Guengué (Mina, 2011). En la vereda se menciona la huida de la hacienda Japio como referente fundacional de asentamientos que se hicieron en predios de la hacienda Pílamo.

[…] Yo tengo entendido que en Japio, San Jacinto, Quintero y por los lados de Villarrica, los blancos tenían a muchos negros como esclavos, los ponían a trabajar y hasta les daban látigo. Luego supe por qué me lo contaron, que los negros se negaban a vivir esa vida de maltrato y miseria y se fueron volando. Ellos se les escapaba esos blancos porque no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Ellos huían y se echaban a perder pal monte y ¿cuál era el monte? Dicen que Puerto Tejada, Padilla, Guachené, El Silencio, El Llanito, Pilamo y este pedacito de tierra que hoy habitamos […] eso no era como usted lo ve hoy, eso era todo monte, pero mucho monte […] (Entrevista con Esperanza Valencia)
El Alto del Palo era un cruce de caminos antes de ser un asentamiento del cual no se sabe la fecha de fundación. El referente fundacional es la huida de la hacienda Japio y posteriormente el asentamiento en la vereda Bajo Palo, llamada así por un enorme palo de cachimbo. El testimonio de Filomena Dinas, que se recoge en la investigación sobre historia local elaborada hace un par de años por el consejo comunitario, pone en evidencia la experiencia violenta de la ocupación territorial. Filomena se refiere a destierros, quema de ranchos, a la memoria del líder afrocaucano Cinecio Mina (que se destacó como vocero de los comuneros, parceleros y terrajeros en su disputa contra terratenientes) y a los despojos y reasentamientos en medio de la violencia de la época de la guerra de los mil días y la violencia de los años 50. Ana Julia Abonía -nacida en 1918- habla de una vereda cafetera que sufrió con la violencia bipartidista que ya se veía cuando llegó de 20 años al Alto del Palo (1938). “ya había muchas familias viviendo cuando llegué”, dice” “Después los godos llegaron a quemar casas donde las familias almacenaban el café”. Marina Prieto, por su parte, se refiere al terreno “El Comunero” que dio origen a la vereda porque las familias “cogieron su pedacito” de tierra que era de los Jaramillo de Caloto. Es probable que “El Comunero” fuera objeto de presiones para su desmantelamiento. Aunque no hay una periodización clara, parece ser un referente de propiedad social colectiva. Sin embargo, un referente más claro aún es la toma de la hacienda Pílamo en 1984.
Hacia las décadas de 1940 y 1950, las políticas de desarrollo rural basadas en la adecuación de cultivos de sorgo, maíz y soya sobre la base de préstamos hechos por la Caja Agraria, endeudaron a los campesinos afronortecaucanos y esto facilitó la expropiación a favor del ingenio La Cabaña. Años más tarde, en 1984, se da la ocupación de hecho de la hacienda Pílamo por parte de las familias afronortecaucanas que habían perdido la tierra. La toma de la hacienda Pílamo es un caso de tierra comunal afronortecaucana que derivó de la experiencia de la organización campesina en la región y de las prácticas de ocupación y recuperación de haciendas por parte del movimiento indígena. Los vecinos colindantes de Pílamo son un referente histórico para la gente del consejo “Quitacalzón”.
Las tareas de abastecimiento de agua de los aljibes, el aprovechamiento de las ciénagas, la importancia conferida al nacimiento de la quebrada Quitacalzón como lugar a proteger y la construcción del acueducto comunitario manifiestan el espíritu de colectividad, gobernabilidad y habitabilidad de la gente de la vereda que ha tenido una continuidad en el tiempo. En la década de 1970 el señor Dagoberto Silva fue el fundador de la primera junta de acción comunal en la vereda, la cual estaba integrada por Marcelino Mina, Antonio Pizarro y Apolinar Valencia.