Consejo Comunitario La Paila-Barrios de Corinto

El Consejo Comunitario de La Paila agrupa a los afrodescendientes del Corregimiento El Barranco y a los de la cabecera municipal de Corinto. Sus asociados cuentan que cuando el asentamiento de Corinto fue fundado en 1886, en predios de la Hacienda Los Frisoles propiedad de la familia Feijó, muchas familias negras ayudaron a hacer el trazado de las calles, por lo cual se demuestra que su presencia en el sitio tiene más de 200 años. Al igual que los habitantes de La María y El Jagual, los miembros del Consejo comunitario recuerdan que la caña de azúcar comenzó a cultivarse en sus territorios en la década de 1970, con la expansión de los ingenios. También, como en El Jagual, para los miembros de La Paila las plantaciones azucareras son las responsables de las principales afectaciones a su sistema de fincas tradicionales.

Si bien, en La Paila aún es posible recorrer fincas tradicionales con cultivos de cacao, plataneras y frutales, los miembros de este consejo comunitario se quejan de la reducción del espacio para desarrollar sus fincas: “aquí nuestra propiedad territoriales mínima, los negros estamos acorralados por la caña a la orilla del río o al borde de la carretera”, además, insisten en que la caña solo les da trabajo como corteros tres meses al año. Al igual que en El Jagual, las pocas fincas de La Paila se ven afectadas por aspersión aérea de agroquímicos de la industria cañera. De igual manera dicen que sus plataneras se ven afectadas por plagas que se reproducen al interior de los cañaduzales, específicamente un cucarrón que ataca la raíz del plátano. Estos hechos amenazan la subsistencia de la comunidad, y ha obligado a muchos a vender sus pequeños predios a los ingenios y a las haciendas, y migrar a las ciudades o concentrarse en el casco urbano.
Para esta comunidad es claro que su problema está asociado con la falta de tierra para cultivar y con la usurpación por narcotraficantes, colonos, empresas y grupos armados ilegales. En las décadas del noventa y el 2000, la inserción de los jóvenes en el negocio de los cultivos de uso ilícito y en el trabajo a destajo como corteros en cooperativas de trabajo asociado ha profundizado la crisis de la finca tradicional. La mayoría de los habitantes cuenta con una plaza donde cabe su vivienda y un pequeño patio. Los pocos títulos suelen conservarse como indivisos provenientes de sucesiones inconclusas. Algunos otros fueron beneficiados por la compra y parcelación que hizo el Incora de la Hacienda de Pepe Estela en la década del 70, pero al igual que en La Cuenca del río La Quebrada en Santander de Quilichao, la mayoría de estos parceleros perdió sus tierras a causa del endeudamiento en el pago de cuotas y la tecnificación de sus terrenos, cuando no se han visto obligados a arrendar a los ingenios azucareros. Si bien esto último es una alternativa económica frente a la crisis de las fincas campesinas, ello en nada contribuye a fortalecer la territorialidad y la cultura de los afrodescendientes de Corinto.