Consejo Comunitario Brisas del Río Palo

El territorio del consejo comunitario de Las Brisas del Río Palo se ubica en el municipio de Guachené, al nororiente del departamento del Cauca. Sus límites administrativos son: al norte con el municipio de Puerto Tejada y el departamento del Valle del Cauca; al occidente con el municipio de Padilla; al sur con el municipio de Caloto; al oriente con el municipio de Caloto y Padilla). Este territorio se caracteriza por tener una topografía plana atravesada el río Palo, Paila, El Hato, Guavito y Güengüé afluentes del río Cauca. Además de ello, el clima oscila entre los 20° y 24°C, con precipitación promedio de 1650 mm y una altura de 1000 msnm aproximadamente (IGAC, 2009). Gracias a estas condiciones, la tierra allí es muy fértil y en ella predomina el monocultivo de caña configurando un paisaje ecológico homogéneo. A pesar de ello, las familias de este Consejo se dedican a la actividad agrícola que consiste en cultivos tradicionales (es decir, que se han transmitido de generación en generación) de cacao, café, maíz, yuca, plátano y frutales. Paralelamente, esta actividad productiva se complementa con la minería artesanal o tradicional de bareque en los ríos Palo, Paila y Hato.
En la actualidad, el territorio de este Consejo comprende 7 veredas: Juan perdido; San José; Llano de taula alto; Sabaneto; Zanjón y Campo Alegre; Campo Llanito; El silencio y el casco urbano de Guachené. En esta zona geográfica, los miembros que hacen parte del consejo comunitario configuran el territorio con espacios para la producción campesina minifundista, lugares para la producción industrial de la caña de azúcar y para la producción diversificada activada por el parque industrial – zona franca. Si bien el municipio de Guachené fue reconocido como municipio recientemente, ese territorio ha sido habitado por familias negras desde tiempos de la colonia como se señaló en la introducción de este documento. Así mismo, el 80% de su población es rural y, a pesar de las transformaciones económicas de modernización de la región introducidas con las plantaciones de caña y los impactos que esto genera, este grupo ha permanecido en el territorio.

A través del largo proceso de asentamiento de la población negra en la subregión del norte del Cauca mencionado brevemente en las páginas anteriores, algunas familias (como los Aponzá, Viveros, Lucumí, Banguero, Carabalí) se asentaron en las riberas del Río Palo hacia el siglo XVII. Dicho territorio pertenecía al régimen de haciendas como el de la hacienda Pílamo, Japio, Quintero, la Quebrada y la Bolsa. A modo de resistencia a la esclavización, varias familias negras huyeron a los montes oscuros de esta hacienda cerca del río Palo. Allí construyeron palenques, y posteriormente, con la abolición de la esclavitud, sus ranchos de guadua y fincas en las que cultivaban productos como maíz, plátano, yuca, fríjol, cacao, tabaco entre otros. También se practicaba el barequeo o tambeo en aquel río, actividad complementaria propia de la economía campesina de esta subregión.
Los pobladores negros lograron consolidar su asentamiento y permanencia en la zona mediante un proceso de luchas y resistencias políticas ante el despojo por medio de la creación de fincas y el intercambio económico de productos agrícolas. Hasta el siglo XIX el cacao, tabaco, café y plátano se vendían en el antiguo puerto Mallarino (actual zona conocida como Juanchito) en la ciudad de Cali a través del transporte fluvial en balsas cuando no se habían instalado las plantaciones de caña en el territorio ni carreteras (Aprile Gniset, 1994). También se usaban caminos de trochas (de invierno y de verano) para llegar a los principales centros urbanos de intercambio como Santander de Quilichao, Caloto y Puerto Tejada para la misma tarea. No obstante, el transporte por ríos ya no se usa en la actualidad desde la construcción de la carretera a Santander de Quilichao en la década de 1930 y desde que su cauda disminuyó. Varios cambios han surgido en el territorio de este Consejo, producto de la consolidación de un modelo económico de apropiación de la tierra en aras del desarrollo en el siglo XX.

En esta zona, particularmente desde los años 40, se da inicio a “un proceso de concentración de la propiedad de la tierra promovido por la ampliación de los trapiches paneleros, que luego (60-70’s) se convertirán en grandes ingenios azucareros mediante inversión de capital del naciente empresariado caleño y extranjero” (Caicedo, Escobar y Gómez, 2012). Las dinámicas económicas globales introducirían la transformación de trapiches en plantaciones industriales de caña, tal como el ingenio La Cabaña que se funda en 1944 en Guachené. La concentración de la tierra para esta actividad y este ingenio no se haría esperar. Las tierras habitadas por familias afrodescendientes dedicadas al cultivo de cacao y otros productos, así como a la ganadería, serían transformadas en cultivos de caña. Mientras los precios internacionales del cacao caen y su producción se dificulta a causa de factores ambientales (plagas) a finales de esta década, se da una compra masiva de tierras a bajos costos por parte de tal ingenio. Esto luego requiere la adecuación de la tierra para tales plantaciones cañeras. A partir de esa época se intervienen los ríos con construcción de canales y jarillones para manejar las inundaciones de esta zona plana del norte del Cauca*.
El proceso de transformación de los usos de la tierra en Guachené se perpetuaría hasta las décadas posteriores. En los años 60 los nuevos ingenios (La Cabaña y, ahora, Naranjo) expanden sus plantaciones de caña sobre el territorio. Varias estrategias de despojo son empleadas a fin de adquirir más tierras para la actividad agro industrial, presentes en la memoria de los pobladores negros: las inundaciones de las fincas tradicionales provocadas por la intervención de ríos; las fumigaciones de caña con químicos o “madurantes” que recaen sobre los cultivos de los pobladores negros; las plagas que afectan la producción de cacao y café, productos principales de la economía campesina; el endeudamiento económico de los campesinos con la Caja Agraria para la siembra de cultivos transitorios (1950) y el alquiler de tierras a terceros que las seden para la producción de caña sobre ellas (Caicedo, Escobar y Gómez, 2012). Como consecuencia, las familias de este Consejo pierden sus tierras, se produce un proceso migratorio a las ciudades (Cali principalmente) y otros países (como Venezuela); un cambio en las formas de trabajo (de ser campesinos a ser empleados de ingenios); y se consolida el proceso de urbanización de este territorio.
Así pues, el poblamiento actual de Guachené resulta de esta serie de transformaciones económicas del uso de la tierra y manejo de ríos introducidas por el modelo de desarrollo que se gesta entre 1930 y 1960 en el país. Como consecuencia, el tipo de asentamiento de población negra que se produce “brota de antiguas veredas minifundistas, varias aldeas dormitorios proletarias; los campamentos de mano de obra de la agro-industria azucarera” (Aprile Gniset, 1994: 13). Las familias de este Consejo Comunitario viven en un pequeño enclave en medio de las plantaciones de caña o “mancha verde”, como algunos le llaman. También se encuentran en medio de las empresas ilegales de minería extractiva que se han instalado en el río Palo desde la década de los noventas con la llegada de agentes y actores externos a la zona. Este último fenómeno se ha incrementado desde el 2011. En síntesis, la pérdida de tierras ha hecho vulnerable a esta población ante los intereses mineros y agroindustriales de nuevos actores en la zona, los cuales ejercen un manejo y control territorial que vulnera los derechos territoriales de los Consejos Comunitarios que dificulta vivir bajo un modo de vida propio y sostenible.
A pesar de la tendencia de pérdida de la tierra y de los vínculos con el territorio por parte de estos grupos, como anotan algunos autores8, las transformaciones introducidas por el modelo económico de desarrollo y sus impactos no niegan la permanencia de la gente negra en el territorio. Dicha permanencia deja huella en el territorio a través de la arquitectura; la división, repartición y manejo de cultivos “tradicionales”, así como del saber cultural práctico que se gesta detrás de esto último. Resulta necesario entender que, en medio de este contexto, la ancestralidad va más allá de ser una noción estática o inmutable en el tiempo; por el contrario, ésta se recrea de acuerdo al contexto y se expresa a través de prácticas cotidianas sobre el territorio. En este caso, el territorio del Consejo Comunitario Las Brisas del Río Palo es ancestral en tanto existen unas prácticas tradicionales de economía campesina que incluyen saberes, tecnologías y formas de trabajo colectivo, concepciones propias sobre los policultivos y las fincas tradicionales y su manejo; saberes tradicionales asociados a la minería artesanal de aluvión; técnicas de construcción de viviendas, entre otras. Dichas prácticas se transmiten de generación en generación y perduran visiblemente a pesar de los efectos de los proyectos de modernización de la región.
Así mismo, estas comunidades, cuya estructura familiar es extensa, tienen prácticas culturales propias, heredadas y transmitidas de generación en generación que se evidencian en las fiestas, celebraciones, velorios, músicas y danzas. Un ejemplo de ello es la fiesta del niño Dios que se celebra en febrero de cada año, en la que las familias de una vereda del territorio organizan un recorrido con bundes (bailes afrodescendientes) y música de violines caucanos (música tradicional afronortecaucana reconocida en festivales nacionales como el Petronio Álvarez en Cali) para celebrar la llegada del niño Dios por medio de una cigüeña (mito). En esta fiesta se resalta la organización territorial de las familias negras, la cual obedece a los lazos de parentesco propios de este grupo y cultura.
Hoy día, las familias de este Concejo Comunitario se ven afectadas por varios hechos que amenazan sus formas de vida. En primer lugar, la minería ilegal sobre el río Palo (el cual atraviesa el territorio de esta organización) implica un manejo y control de esta fuente hídrica por parte de nuevos actores que se han instalado en el territorio por la explotación de oro. Este tipo de minería no sólo impide y dificulta desarrollar la minería artesanal de aluvión que practican estos pobladores, pues los nuevos actores imponen reglas sobre el río, sino que introduce tecnologías y materiales contaminantes del agua. De igual forma, la producción agroindustrial de caña que rodea a las familias aún desarrolla prácticas basadas en quemas y el uso de agroquímicos que producen efectos secundarios. Esto afecta la producción agrícola de las fincas de los pobladores negros, así como la salud de estos mismos.

*De acuerdo con Caicedo (2012, es así como se construye el canal (acequia) que va desde el río Palo, en las brisas de Guachené, hasta el río Hato, en la vereda Pueblo Nuevo- Obando, sitio donde desemboca el río Paila y que sirve de límite entre Guachené y Padilla. Así pues la década de los años cincuenta y las siguientes constituyeron un punto de quiebre en el orden social, pues como lo relatan los pobladores, esta adecuación transformó la vocación agrícola y ganadera de la tierra a favor de lo que ellos mismos han llamado el “monstruo verde” o “la mancha verde”.